jueves, 26 de abril de 2007

Masai Mara; Kenya

Estoy leyendo "The shadow of the sun" de Riszard Kapucinsky. En uno de los capítulos, relata su viaje desde Dar es Salam (Tanzania), hasta el kilimanjaro, recorriendo el Serengueti. Mientras lo leía he recordado las sensaciones que tuve cuando, hace ya algunos años (creo recordar que fue en el 2001), tuve la oportunidad de ir al Masai Mara (significa; casa de los masais), que es la zona norte (la keniata o Keniana) del Serengueti.
El viaje no fue motivado por unas vacaciones, sino que inicialmente tenía un objetivo profesional.

Por aquel entonces trabajaba en una compañía, de consultoría, que tenía muchos intereses en Kenya (donde ya se trabajaba en varios temas y teníamos una oficina con unas 30 personas). Ese viaje, en concreto, tenía por objeto el acudír a una fase previa de un concurso internacional, para implantar un sistema transaccional (y de comunicaciones) para el Puerto de Mombassa.
Para la ocasión, además del equipo de consultores que vivían desde hacía varios años en Kenya, me desplacé yo desde Madrid, y también invitamos a un responsable de sistemas de un puerto, que ya era nuestro cliente, para que "diera fe" de nuestra eficiencia.Viajamos un lunes hasta Nairobi, con escala en Londres, y posteriormente tomamos un vuelo doméstico de Nairobi a Mombassa.
La semana transcurrió sin demasiados alicientes. Reuniones, preparación de documentos, etc.. Mucho trabajo hasta el viernes que era el día que se presentaba la propuesta.
La noche del jueves, y ya con todo listo, decidimos tomarnos un respiro y salir a tomar unas copas. Además durante la cena, mis compañeros expatriados nos propusieron (también para agasajar a nuestro cliente, que se había recorrido 15.000 km para ayudarnos) que los tres días que teníamos de margen antes de coger el avión de vuelta, los consumiésemos en el Masai Mara. Evidentemente aceptamos en una millonésima de segundo.
Llamaron a un tío que conocían y, en cinco minutos, lo dejaron todo arreglado. Una hora y media después de la presentación, saldríamos pitando para coger un avión a Nairobi y luego en avioneta hasta el "Mara". Posteriormente la noche se descontroló un poco y al día siguiente todos teníamos una resaca horrible. No coments..
El caso es que, por la mañana sobrevivimos a la presentación. El único pero es que nuestro inglés, ya de por sí precario, se resintió. Tanto que el Presidente del Puerto, al terminar, nos dijo textualmente; "muy bien la presentación, aunque compruebo que el Inglés, no es el punto fuerte de los Españoles".
Pero a lo que íbamos. Nos fuimos en taxi hasta el aeropuerto. Hacemos el primer vuelo. Tomamos otro taxi, desde el aeropuerto internacional de Nairobi, hasta el aeródromo y cogemos una maravillosa avioneta de 7 plazas.
Para los que no hayan volado nunca en avioneta, basta decir que el habitáculo se mueve con cada pequeña racha de viento, aunque eso sí, como se vuela mucho más bajo las vistas de, en este caso, la sabana, son increíbles.

A pesar de la emoción por ir a cumplir un sueño de la infancia de ver manadas de cebras, ñues, leones, jirafas, etc.., no pude evitar (habíamos dormido menos de 2 horas) quedarme dormido mientras saboreaba un caramelo que nos habían ofrecido al subir.
Cuando me desperté con mi propio ronquido (uno especialmente fuerte), desperté también a mi compañero (a esas alturas ya no le consideraba cliente), y ambos nos dimos cuenta, horrorizados, de que me había apoyado en su hombro para dormir, y que, de mi boca semi abierta, se desprendía un abundante hilillo (como los de Rajoy y el Prestige) de saliva y azúcar del caramelo fundido. El resultado era una costra de 3 centímetros de diámetro sobre su flamante camisa de Ralph Lauren azul celeste.

Ah!!!!!, gritamos.Nos entro una risa nerviosa. De forma patética yo le intentaba limpiar, mientras le pedía perdón.
Al final me perdonó. Entre otras cosas porque, en cuanto miramos por las ventanillas de la avioneta, vimos uno de los paisajes más bellos de la tierra.
Yo pensaba que cuando en los documentales se veían grandes manadas de animales, era porque habían tomado imágenes de momentos precisos, en lugares particularmente fértiles. Pero no. La sabana africana es así. Hay millones de bichos por todos lados y en todos los días. Hubo un momento que hasta me emocioné un poco. Las manadas, asustadas por el ruido de la avioneta, salían en estampida igual que en "Memorias de África".
Después de haber compartido mi saliva, estuve a puntod e cogerle la mano a mi compañero.., pero me repuse.
La avioneta, en este país sin carreteras, era una especie de taxi, así que iba parando y dejando pasajeros en otros establecimientos. Lo hizo un par de veces, y el tercero fue el nuestro. El KICHWA TEMBO TENTED SAFARI CAMP.
No voy entrar en detalles pero, como casi todos los establecimientos del Masai Mara, era muy lujoso. Las tiendas de campaña tenían 60 metros cuadrados, 2 camas king size, ducha, y, sobre todo, unas vistas increíbles a la sabana.
Como llegamos tarde, ese día no pudimos hacer nuestro primer recorrido, así que nos apuntamos para el de la mañana que se hacía a las 6 de la mañana (son de tres horas y al medio día hace mucho calor), y al de por la tarde, sobre las 5.

Hecho esto, cenamos, maravillosamente en el jardín, y nos retiramos pronto para descansar.
A la mañana siguiente empezamos el recorrido. Vimos de todo en las primeras 2 horas. Leones, Hienas, Jirafas, un increíble rinoceronte, muchísimos elefantes y búfalos, y millones de cebras y ñues. Era además época de migración y todos los animales venían desde el sur (Serengueti) hasta el Mara.
La sensación que me generaba, y que me ha recordado el capítulo de Kapucinsky, porque él describe un sentimiento muy parecido al que yo tuve (debe ser muy común porque ya lo había leído en otros autores), es que es un lugar por el que no ha pasado el tiempo.
Parece que estés siendo testigo de una escena prehistórica. Los leones acechando sus presas, y estas intentando escapar. Las manadas de elefantes destrozando árboles y abriendo agujeros en el suelo para encontrar agua. Las hienas buscando rapiña.

Es cómo si el hombre no existiese (salvo por los turistas, como era yo en ese momento) y que el equilibrio natural aún perdurase.
Es difícil de explicar, pero pasa. Sientes una especie de sincronía perfecta. De pulso natural. Todo encaja. Todo tiene su lógica.
Es algo que hay que ir a ver.
Por lo demás, cuando llevas dos días de safari, termina perdiendo parte del interés inicial. Además, como no puedes hacerlo por tu cuenta (es, evidentemente, peligroso), estas muy limitado a ir siempre en el jeep, con el guía, encontrándote continuamente otros jeeps de otros hoteles, etc.. La sensación de aventura es nula. Quizá haya otras formas de hacerlo..¿a pie?, aunque creo que era muy caro...No lo sé.

En todo caso, la experiencia fue muy positiva (aunque no me pegaría una semana en un safari de este tipo. ¡Encerrado!). Cuando volví a España, y les conté a mis compañeros que había hecho un safari, a cuenta de la empresa, y se morían de la envidia. Ja!!

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