jueves, 24 de abril de 2008

Cumplido un año de vida en Amsterdam

Nota: Si estaís pensando hacer un viaje a Amsterdam, os recomiendo que visitéis la guía de Amsterdam que hemos escrito recientemente para BuscoUnViaje.com

Es dificil ser sistemático cuando se escribe tan poco en el blog. Lo primero es explicar el porqué de tantos días sin escribir. No, no es nada malo, como cuando me rompí la clavícula. Simplemente, tengo la linea de internet de casa estropeada y no he tenido tiempo de ir a UPC, cosas que tiene el volver a tener una vida laboral.
Sigo viviendo en el mismo sitio, pero ahora lo hago con una amiga italiana que, por circunstancias que no vienen al caso, necesitaba un nuevo sitio en Amsterdam donde vivir. Vamos a buscar un apartamento nosotros dos juntos, o quizá, con otros dos amigos (Mexico y Finlandia), una casa grande con Jardín, para aprovechar ahora que, por fín, empieza el buen tiempo.
Por lo demás, llevó dos semanas metido todo el fín de semana en la playa con las cometas y el mountainboard. Sergio, el Mexicano, esta mñas enganchado que yo, y estamos pensando comprarnos un equipo de segunda mano para kitesurf a medias. También estoy escalando bastante y, a pesar de mi nefasta calidad como escalador, ya estoy empezando a hacer alguna vía un poco más dificil. También he estado patinando bastante veces, con el Mexicano y una Holandesa que he conocido en la playa y que se rie de mí cunado intento decir algo en Holandés.
En cuanto a la vida nocturna he tenido pocas salidas. Unicamente el descubrimiento de un club chiquitín (The Flex) cerca de mi casa. Este fin de semana vuelve a ser el Elevator Passion (la fiesta de Minimal Techno a la que voy el ultimo sabado de cada mes).
Culturalmente, tampoco tengo muchas novedades, pero si algunos proyectos. Como parte de mis amigos estan trabajando o estudiando en cosas relacionadas con el diseño y el arte, estamos pensando (y escribiendo) alguna cosa que tiene que ver con la musica electronica, la literatura e imagen. Esta tan verde, que no se puede contar nada, pero espero que salga adelante. Además he vuelto a recuperar el hábito de ir a comprar libros de segunda mano al mercado. Ahora estoy con un par de ellos de Joseph Conrad.
Me gustaría seguir escribiendo sobre viajes, pero aquí, en el trabajo, no tengo suficiente intimidad ni concentración para poder hacerlo.
Pues haciendo todas estas cosas, el día 18 de este mes se cumplió un año de vida en Amsterdam. Me parece que ha pasado un suspiro y una eternidad al mismo tiempo. La prueba de mi completa adaptación fue que ayer conseguí ir desde el Albert Cuypstraat hasta mi casa, montado en una bici y llevando otra en paralelo. Y sin caerme!!!. Ningún ser humano no holandés, a no ser que este muy "holandesizado" es capaz de llevar a cabo semejante proeza de equilibrio y coordinación.
Bueno, intentaré postear más habitualmente. Por los amigos y familia que lo leen y se enterán así de lo que voy haciendo, y, sobre todo, porque siento que me falta algo cuando no escribo habitualmente.

viernes, 11 de abril de 2008

Mala Memoria

Hay veces que tener mala memoria no tiene mucha importancia. Sin embargo, en otras ocasiones, cuando te das cuenta de que has olvidado algo importante, te darías de cabezazos contra la pared por ser tan despistado (vease: desastroso, egocéntrico, etc, etc...)
Sobre todo duele, cuando piensas en esa persona cada día y, sin embargo (otra vez esa maldita expresión), cuando tenías que recordar esa fecha y llamar, pues sencillamente se te olvida. A mi me hubiese molestado mucho no recibir esa llamada. Pero más que molestarle creo que a ella le dolió. Espero que me perdone y que el correo, mensaje en el contestador y post en el blog puedan compensar un poco.
Felicidades y muchos besos desde Adam!

viernes, 4 de abril de 2008

Casi dos semanas sin escribir en el blog

Llevo casi dos semanas sin postear en el blog. Entre semana, entre el trabajo, gimnasio y vida social no queda mucho tiempo. El fin de semana pasado realice la proeza (a mi edad) de salir viernes y sabado consecutivamente. Muy divertido, pero agotador. El sabado tuvimos una nueva edición del elevator Passion. Hubo momentos de estos que, nos mirabamos unos a otros, y no nos podíamos creer que estuvieran pinchando tan buena música.
El sabado, además, estuve volando las cometas con una amigo Mexicano que esta enganchado. Se había hecho de noche y el seguía correteando por la pradera intentando trucos y subirse al patín para rodar un poquito. Luego, mientras recojiamos las cometas un Holandés, grande, rubio y con pinta de pijo, nos intento robar el mountainboard (patín). Tuvimos que salir corriendo detrás de el pero, al menos, nos pidio perdón. Ladrón, pero educado.
Esta semana tengo visita. Mis Padres van a estar diez días en casa. Llegarón el miércoles a Bruselas desde Zaragoza. No es un buena alternativa, porque se tarda luego cinco horas en llegar a Amsterdam, pero al menos aproveché para ir la noche antes y ver a Kim y Babette (mis amigas de India). Me prepararon la cena, me regalaron flores (mi primera vez) y bebimos champagne.
En el trabajo, como ya estoy más suelto, ya me puedo permitir escribir a ratiros en el blog, aunque todavía no estoy preparado para un capitulo de Panamá entero. A ver si este fín de semana saco un rato y puedo empezar.

lunes, 24 de marzo de 2008

Rumbo a Panamá

Nota: Si estáis pensando hacer un viaje a Panamá, os recomiendo que visitéis la guía de Panamá que hemos escrito recientemente para BuscoUnViaje.com.

Exactamente un año más tarde, el día 8 de agosto de 2006, poníamos de nuevo rumbo hacia Centroamérica. Esta vez, el destino principal elegido era Panamá, pero, como nos habíamos quedado el año pasado con la espinita clavada de no poder visitar Corcovado, habíamos decidido dedicar cinco días de este viaje para volver a Puerto Jimenez (Costa Rica), nuestro paraiso particular.
Atrás había quedado un año demuchísimo trabajo y estrés. Las cosas habían ido, objetivamente, razonablemente bien. Teníamos muchos clientes, un equipo de unos diez consultores trabajando en proyectos y unos resultados económicos aceptables para ser una únidad de negocio creada de la nada.
En lo negativo, un ritmo de trabajo cada vez mayor, un Director que en vez de ayudar se dedicaba a desmotivar a las personas que estaban esforzándose en sacar las cosas adelante y, en gneral, la sensación de que, en el fondo, yo quería estar en otro sitio y haciendo otras cosas.
Durante el año, me había forzado en empezar a hacer otra cosas fuera del trabajo. Me compré unos patines y fuí casi cada día al parque del retiro, a escasos cinco minutos de mi casa, por la noche. A base de práctica llegué a conseguir tener un nivel aceptable, e incluso la gente me miraba cuando pasaba haciendo alguna "cabriola". Mis amigos se reían, por que yo les intentaba explicar lo feliz que me sentía cuando patinando hacia atrás escuchaba musica electrónica con mi Ipod. Desde luego me sentía mucho mejor que cuando firmaba un nuevo contrato.
También iba a correr bastante para recuperar la forma física. Lo hacía tanto en Madrid, también en el retiro, como cuando viajaba para ver a mis clientes. Recuerdo con especial ilusión las carreras por la Playa de san Lorenzo en Gijón o en la del Sardinero en santander. En la primera de ellas además, fue dónde por primera vez que ví a un chico con una cometa de tracción y un pátín, rodando por la arena. Pasarón algunos meses hasta que me decidiese a incluir esta afición en mi lista, pero ya desde entónces tenía el gusanillo, y no hacía más que buscar videos en youtube e información en webs especializadas. Tenía que aprender a hacer eso como fuera.
Además había dejado de fumar apenas un mes después de volver de Costa Rica. Si quería cambiar de vida y disfrutar de una nueva vida, tenía que liberarme de ese yugo, y volver a sentir que el cuerpo respondía a las ganas de hacer cosas.
Para completar la colección de cambios, vendí mi coche y me compré una bicicleta de montaña. La usaba para hacer deporte los fines de semana y para manejarme, a pesar de el riesgo enorme que ello implica, por Madrid.
Muchas personas de mi entorno observaban estos cambios con curiosidad divertida. Total, pensaban ellos, todavía tiene una vida convencional, trabaja y no hace daño a nadie si le gusta patinar de espaldas escuchando música electrónica. Así que todavía no surgió la alarma. Sin embargo yo ya tenía prácticamente decidido lo que quería hacer. Quería dejarlo todo. Pero no iba a tomar la decisión antes de las vacaciones. Quizá, me decía, esta sensación de ganas de libertad y de tener tiempo para dedicarme a mí mismo, tienen que ver con que estoy muy cansado de todo el año. Quizá las vacaciones me hagan ver las cosas con más claridad.
De todas formas, hablé con mi Director y le advertí de mis intenciones y de que después de volver, probablemente tomaría la decisión de no seguir en la compañía.
Con este ánimo, preparé el viaje a Panamá, mirando guías y páginas webs durante todo el mes de Julio. Este año viajaríamos en transporte público, para poder tener más contacto con la población local. Además otro cambio, sería que visitaríamos menos sitios y tendríamos más tiempo. Habíamos comprado billetes con ida el 8 de agosto y vuelta el 31, así que eran tres semanas, y solamente ibamos a recorrer Bocas del Toro, un archipielgo en el caribe,, Guadalupe, un pueblo a 2000 metros de altitud junto al volcán Barú, Corcovado (en Costa Rica), y, como mucho, un sitio más a decidir sobre la marcha.
Lo que sí que hicimos, fue volver a reservar por adelantado los hoteles. Además, y dado lo cansados que estabamos, no reparamos en gastos y, sobre todo en el caso de Bocas del toro, buscamos un sitio de auténtico lujo, para relajarnos y disfrutar del merecido descanso.
Afortunadamente, en el último año, centroamérica se estaba popularizando como destino turístico en España, y, en contraposición con el año anterior que fue imposible encontrar vuelos directos, ahora podíamos elegir entre Iberia y Air Madrid (por aquella época aún sobrevivía). Elegimos el vuelo de Iberia (sobre unos 700 euros) y, aunque seguía haciendo escala en Miami, pasamos de las más de veinte horas a tan "sólo" doce.
El vuelo salía las ocho de la mañana. Nos levantamos muy pronto con una ilusión tremenda. Ni siquiera hubiese hecho falta ponernos despertador. Mientras desayunabamos en el aeropuerto no nos podíamos creer que había llegado el día. Por fín. Tres semanas de libertad. Otra vez en centroamérica. Además, esta vez, el viaje iba a ser aún más auténtico porque teníamos mas experiencia y habíiamos planeado completar el descanso con muchas actividades físicas. Yo me veía a mí mismo corriendo por en medio de la selva y haciendo kayak de isla en isla.
Nos cogemos de la mano, subimos al enorme 747 de Iberia, buscamos nuestros sitios y nos preparamos para disfrutar de cada momento de las próximas semanas. Allá vamos ya nadie nos puede parar, advirtiéndonos de alguna reunión pendiente, o contrato por firmar. Adios, adios!! prometo tener el móvil apagado siempre!!

domingo, 23 de marzo de 2008

Día 13; Regreso a San Jose

El regreso a San José alternó momentos de melancolía con otros de sonrisas y complicidad. A veces, nos mirabamos a los ojos y nos poníamos a hablar de Puerto Jimenez (nuestro sitio favorito), pensando lo que nos gustaría quedarnos, al menos, unos cuantos días más.


Pero al día siguiente teníamos que tomar un avión (martin air), con escalas en Miami y Amsterdam, y destino final Madrid. Más de veinte horas de avión. Una auténtica paliza.


Para llegar a San José antes de que anocheciese, salimos bastante temprano. Estabamos muy lejos, a más de doscientos cincuenta kilómetros, así que convenía darse prisa. El primer tramo del viaje recorrimos la Península de Nicoya. Cruzando lo que en Costa Rica se denomina el bosque seco. Comparado con españa el paisaje es absolutamente verde. Pero es verdad que no hay tanta humendad y que, a pesar de estar todo lleno de vegetación, esta no es tan frondosa.

Al finalizar, la península, se cruza por un puente enorme de metal, hacia la región de Puntarenas. Desde ahí retomamos la sempiterna carretera interámericana, verdadera columna vertebral del país.

Las horas pasaban a golpe de escuchar ballenatos y raegueton en el coche. Casi hasta le había cogido el gustillo y, desde los primeros días del viaje, ya no habíamos vuelto a utilizar mis flamantes Ipod y altavoces portátiles. La música electrónica no encaja bien con centroamérica.


Como única anécdota destacable y, por cierto, bastante desagradable, tuvimos un "pique" con otro conductor (Porsche Cayenne) que se dedicó, no se muy bien porqué a echarnos las luces, pitarnos y tras adelantarnos, ponerse delante y frenar. Al final me paré en un lado del arcén, pero el me vió e hizo lo mismo. Ninguno de los dos saimos del coche, pero, cuando me volví a poner en marcha, el volvió a bloquearnos. Al final en un crucé nos el tomo una dirección y nosotros, afortunadamente otra.

El único "problema" que habíamos tenido en todo el viaje, nos lo habíamos encontrado con un conductor de un Porsche. Que ironía. Cuando muchas gente piensa que el peligro puede venir de la gente que no tiene nada, mientras que les parece que la educación y el comportamiento cívico es patrimonio de las gentes pudientes. Pués evidentemente ni lo uno es seguro, ni lo otro es cierto. Costa Rica desde luego no nos ha parecido un país pobre. No lo es. No se puede comparar copn Europa, pero en su entorno es de los más prosperos y, aunque se ven familas modestas, la pobreza extrema es prácticamente inexistente.

La población vive razonablemente bien y el turismo esta suponiéndo una fuente de ingresos muy importante. Además, aunque se estan cometiendo algunos abusos en su desarrollo, en general existe una conciencia bastante fuerte de la necesidad de establecer un modelo de desarrollo sostenible. Es el país del mundo con más porcentaje de territorio protegido. Los ciudadanos son absolutamente escrupulosos de no tirar basura e intentar mantener el país lo más limpio posible (contrariamente a lo que vimos un año más tarde en Panamá).


Viajar por Costa Rica es cómodo (excepto por las malas carreteras) y seguro. Pares dónde pares, a tomar una cerveza, comer o simplemente descansar un rato, la gente es amable y cariñoza. Sobre todo con los españoles. La comida no es una maravilla, pero yo recuerdo algunos ceviches (mi plato latinoaméricano favorito) deliciosamente frescos.


Cuando estabamos a unos 70 kilómetros de San José, y todavía de día, nos encontramos con una nueva experiencia "tica". Un atasco. Como siempre habíamos circulado por zonas alejadas a la capital, no nos creíamos que esto fuera posible. Pero allí estabamos. Atrapados en una enorme cola que duró los siguientes cuarenta Kilómetros. Más de dos horas tardamos en entrar en la ciudad. Nos costí encontrar el hotel, que estaba en las afueras, cerca del aeropuerto.


Yo estaba muerto de tanto conducir. A pesar de que era tarde me dí un baño en la piscina para relajar los músculos. Pensamos en bajar al centro, peor al final lo descartamos. cenamos tranquilamente en el hotel y nos fuimos a dormir pronto. Seguíams teniendo la misma sensación. por una parte stabamos felices de todo lo que habíamos visto y sentido, pero, por otra, nos quedaba la pena de tener que irnos tan pronto. Mañana se cumplían las dos semanas desde que llegamos. Nos parece que podríamos haber estado dos semanas en puerto Jimenez perfectamenteme sin aburirnos ni un momento.

Para animarnos, nos promeemos a nosotros mismos que volveremos pronto. Por culpa de mi golpe en la rodilla, no pudimos hacer la marcha en el parque nacional Corcovado, y eso es algo que debe merecer la pena hacer. Lo malo es que, como todo "buen" trajador, toca soportar doce meses de dura faena, pero disfrutar unos cuantos días. No tiene mucho sentido, pero es así. ¿o no?.

Nos quedamos dormidos escuchando el ruido de la selva. En Costa Rica incluso a pocos kilómeros de la capital se puede disfrutar de esa relajante sinfonía compuesta por monos aulladores y pajaros de todo tipo. mañana sólo nos queda devolver el coche y tomar el avión, así que prácticamente ya nos hemos despedido de Cosa Rica. Hasta pronto. Nos volveremos a ver.

sábado, 22 de marzo de 2008

Días 11 y 12 Sol, Playa y amor en Playa Tamarindo.


Para que nos vamos a engañar, nuestras actividades básicas los siguientes dos días en Playa Tamarindo fueron; tomar tranquilamente el sol, bañarnos, darnos besos y hacernos videos románticos, de esos de los que uno nunca cree que hará (menuda cursilada!), pero un día se descubre a sí mismo encantado de ser el protagonista e uno de ellos.

Visto con la distancia, tengo la tentación de decir que ójala no los hubieramos hecho (duele ver alguno de ellos), pero luego, al instante, me digo que es una tontería y que es bueno recordar los momentos de felicidad que uno ha tenido.
También descubrimos un restaurante magnífico en la playa en el que preparaban, aunque a precios un poco elevados, magníficas ensaladas y shashimi de atún. Nos pasamo allí, tanto para comer como para cenar, los dos días.

En los alrededores, había algunas playas, que se suponía, estaban entre las mejores de centroamérica. Destacaba una que se llamaba Playa Conchales, por que en vez de arena, lo que conforma la playa son millones de pequeñísimas conchitas de todo tipo de crustaceos. Sin embargo, y aunque me da un poco de verguenza decirlo (vaya par de aventurero!), no fuimos a ninguna. Nos habían dicho que las pistas para llegar a ellas eran dificiles, y yo ya estaba muy cansado de conducir.

Aquellos dos días, recorrimos el pueblo, fuimos a la playa y salimos a tomar alguna copa al bar de moda del pueblo. Todo de absoluto "relax". En comparación con el resto, Playa tamarindo, es un sitio bastante explotado turísticamente. Hay muchas tiendas de souveniers, de ropa, algún hotel lujoso, restaurantes e incluso bares de copas para los turistas, la mayoría surferos y norteamericanos.

Apuramos aquellos días con un ansia total de descanso. Sabíamos que a la vuelta de estas cortísimas vacaciones nos esperaba, el estrés, las jornadas de doce horas de trabajo, los viajes constantes en avión para llegar a reuniones, presentaciones, firmas de contratos, etc... No es que no me gustase mi trabajo (y a Raquel le pasaba lo mismo) sino que el nivel de exigencia y presión era tan alto, que en vez de un trabajo, se había convertido en una esclavitud. Incluso cuando se suponía que estabas teniéndo éxito, la cosa no mejoraba sino todo lo contrario. Morir de éxito dicen... pues sí, eso es lo que yo sentía en aquel momento. Y además estaba seguro de que si seguía el mismo camino, cada vez sería más dificil liberarme.



Aquellas vacaciones, aunque cortas, nos habían servido para realmente desconectar del mundo "real". Es más, se había abierto camino en nuestras mentes la idea de que esto, la felicidad, el disfrutar de pisar descalzo sobre la arena, los viajes, conocer nuevas cosas, ver atardareces mientras escuchas el sonido de la selva, debería ser la vida normal, y no lo otro. Sabíamos que teníamos que volver, claro. pero cuando nos mirabamos a los ojos, los dos entendíamos que algo había sucedido en nuestro interior en ese viaje. realmente teníamos la tentación de quedarnos. dejarlo todo y seguir el viaje. No lo hicimos, pero lo apuntamos en nuestra agenda y empezamos a preparar nuestras "fuga".

Un año y un par de meses después, tras otro viaje a Panamá, yo dejé el trabajo. En los siguientes meses, me compré unos patines y una bici, vendí mi, hasta entoncés, amado coche. Al poco tiempo empecé con las cometas, la escalada. Retome mi habito lector y, en definitiva, empecé a darle prioridad a las cosas que me gustaban hace a mí, frente a mi supuestamente "brillante carrera profesional". Además, poco a poco, empecé a sustituir algunos de los valores tradicionales, en los que me habían educado y en los que había creido por otros. Cada vez me importaba menos lo que la "gente" (etendido como la presion sócial) pensase. El dinero o la posesión de cosas (casa, coche, contrato indefinido) pasaron a parecerme cosas absolutamente innecesarias. Sin embargo, el ser capaz de cumplir algunos sueños, sí que me parecía un objetivo por el merecía la pena esforzarse.

Tener tiempo. Tiempo para hacer cosas que uno disfruta haciendo. Eso es lo que necesitaba. Tiempo y energía para, en primer lugar, imaginar sueños y, en segundo, llevarlos a cabo. Raquel y yo nos mirabamos y nos entendíamos. Habíamos sido tan felices estas casi dos semanas, que casi no nos creíamos que fuera posible.

domingo, 16 de marzo de 2008

Día 10: Playa Coco

Para terminar el viaje (solo nos quedaban cuatro días), habíamos decidido elegir un destino de playa en la Peninsula de Nicoya. Esta zona es un poco más turistica que el resto, pero se supone que cuneta con las mejores playas de arena blanca.
Entre ls muchas opciones, habíamos elegido Playa Coco, para los dos primeros días, y Tamarindo, para los dos últimos. Como nuestro destino estaba lejos, unos 150 kilómetros "ticos", por la mañana desayunamos pronto y nos ponemos rápidamente en marcha.
El viaje transcurre por carreteras bastante buenas, pero muy transitadas de camiones. Yo empiezo a estar ya cansado de conducir casi todos los días de un sitio a otro. Si volviesemos a hacer el viaje, quizá lo plantearía de otra manera, con más pausa.
Sorprendentemente tardamos poco más de dos horas y media, y no son las doce cuando estamos entrando en el hotel. La habitación esta bien, aunque ni por asomo llega al nivel de las últimas. Sin embargo el hotel tiene una pequeña piscina que no hago más que mirar, mietras rellenamos los formularios en recepción, porque hace un calor infernal.
Dejamos las cosas en la habitación hy nos damos un baño. Luego, tal y como vamos, en bañador y cholas, nos acercamos a la playa. La decepción es tremenda. No es fea, y efectivamente es de arena blanca, pero esta muy sucia. Hay pilas de basura acumuladas junto a la arena. Además en medio de la playa hay una desembocadura de un pequeño rio y arrastra tanta tierra, que, junto al agua, más que arena, lo que se pisa es fango. Damos un paseo de aproximadamente un hora, por si en alguno de los extremos la cosa mejorase, pero no es así. Volvemos hacia el pueblo y encargamos comida en un chiringuito con vistas a la playa.
Las imeriales con hielo y un ceviche de camarones nos hacen recuperar el ánimo. Decidimos que pasaremos la tarde en la pisicina (no me apetece conducir a otra playa) y que mañana nos marcharemos a Tamarindo. En la cuenta se nota, que esta zona es más turística. Los precios casi doblan a los de los sitios en los que hemos estado en los últimos días, y al menos triplican los de Puerto Jimenez.
La tarde la pasamos bañándonos y leyendo. Mis dos guías (la Lonely Planet y la Audi) están tan sobadas y releidas que parecen mucho más viejas de lo que en realidad son. El hotel tiene un pequeño casino que le da un aspecto un poco decadente. Hay algunos turistas mayores, que viajan solos, y se pegan la vida sentados enfrente de una ruleta o cualquier otro juego. Las camareras / croupieres aguantan con una sonrisa sus miradas lascivas.
Pensando un poco en ello, nos damos cuenta de que hemos conocido a muy pocos ticos. La conclusión a la que llegamos es que, viajando con coche particular, se dan pocas oportunidades, y decidimos que el año próximo, haya dónde vayamos, lo haremos en trasnporte público.
Por la noche cenamos en el restaurante del hotel. No nos apetece jugar a nada claro, pero decidimos pedir unas copas que por otra parte son extremadamente baratas. probablemente sea una estartegia para que, una vez animado por el alcohol, te dejes llevar en el juego. Con nosotros no funciona. Pedimos una copa tras otra y terminamos bastante borrachos, pero en vez de por el juego, nos da por otras cosas. Nos marchamos tambalenates. A duras penas alcanzamos la habitación.
A la mañana siguiente descubrimos que dejamos las llaves en la puerta por fuera. Y nadie vino a llamarnos la atención, a pesar de que no fuimos los clientes más discretos. Todo un éxito.