miércoles, 25 de febrero de 2009

Buscando aficiones

El decidir hacer un curso de escalada hace ya más de dos años, (fue lo primero que hice tras dejar mi trabajo de consultor) me ha reportado una afición que se ha convertido en pasión y un puñado de magníficas amistades. Casi nada. En cuanto a mis otras aficiones, las cometas y los patines, las tengo un poco abandonadas dados los rigores del invierno holandés.

Sin embargo, y a riesgo de volver a sentir que no hago más que correr de un lado a otro sin realmente disfrutar de las cosas, lo que ahora quiero encontrar es una nueva afición como la escalada, que se pueda compartir con más personas, hacer en grupo, pero de carácter cultural.

Trabajar en la página web me reporta muchas satisfacciones. Dos días a la semana me dedico a leer sobre la historia de infinidad de países, me entero de sus situaciones políticas e investigo sus atractivos turísticos. Sin embargo, es una actividad solitaria. Lo mismo me pasas con la escritura, en este blog o dónde sea, y con la lectura. Lo seguiré haciendo siempre, pero no quiero basar mi vida en aficiones que me encierren en mi mismo.

El otro día estuve viendo a un amigo (escalador), participar en una obra de teatro de improvisación. Fue realmente divertido y me trajo buenos recuerdos de la sensación que se tiene subido a un escenario hablado en público. La diferencia radica en que el lo hacía con sus amigos, por placer y en plan comedia, y yo vendía aburridos proyectos de consultoría a directivos que, salvo excepciones, no me caían bien.

Cuando terminó la obra, nos tomamos unas cervezas y el tío estaba pletórico. Feliz. Yo le miraba con una envidia sana y no hacía más que darle vueltas a completar mis actividades semanales con algo similar. Eso sí, tiene que ser algo que, como todas las cosas buenas en esta vida, sea gratis o casi gratis.

Hasta ahora las opciones que se me ocurren son;

1. Hacer algún curso de producción de música electrónica (llevo diciéndolo siglos y no termino de hacerlo)
2. Apuntarme a algún grupo de teatro (aunque aquí tendría problemas con el idioma)

Pero tiene que haber mil cosas más. Muchos de mis amigos de Ámsterdam se dedican a actividades relacionadas con la cultura, el diseño y, en general, la creatividad, así que les voy a consultar. Por supuesto, si alguien que lea este post tiene alguna idea será muy bien recibida. Bueno manos a la obra.

domingo, 15 de febrero de 2009

Decisiones

Tomar decisiones no es sencillo. Sobre todo, cuando uno se plantea la propia vida en términos de proyecto pero sin estar seguro exactamente de cuales son los resultados que se quieren alcanzar.
En eso estamos. Moviéndonos por intuiciones más que por certezas. Más por evitar lo que no nos gusta, y que no queremos hacer más, que habiéndo encontrado el camino que queremos seguir. Todavía... En el camino (la búsqueda) se experimentan sensaciones de todo tipo. Felicidad intensa y soledad que asusta.
Sin embargo, no hay que darle muchas vueltas. Sé que el camino que tomé en su momento (o quizás mejor dicho, el camino que abondoné para ir a no se muy bien dónde) no tiene vuelta atrás. Y en el fondo, estoy contento de que así sea. Nadie dice que despertar (al menos es lo que a mí me parece que me ocurrió) sea fácil o siempre agradable. Pero compensa. A la larga, a mí, me compensa.
En el plano de lo concreto, ahora debo decidir dónde quiero vivir. Seguir en Holanda es una posibilidad son pros y contras. El clima, la ausencia de montañas y el idioma son barreras (no nos engañemos, para la intehración completa, hay que hablar holandés). Los amigos, el ambiente desenfadado y cosmopolita de la ciudad puntos a favor.
Y si no, que?. Volver a España, aunque sería lo más facil, me permitiría volver a disfrutar del sol y escalar en algunos de los mejores lugares del planeta, tampoco me parece la solución. Todavía no, me dice una voz en mi interior. El mundo es muy grande y hay tantas cosas por ver y vivir. Volver a la realidad conocida me parecería casi como un fracaso vital (aunque no lo sea).
Empezar en otro lugar. Dificil, aunque probablemente sea la mejor solución. Y es dificil por dos motivos principales. En primer lugar porque no hay muchos lugares en el mundo en los que sea fácil empezar y que tengan todos los ingredientes con los que a mí me gustaría contar (mientras escribo esto me da bastante pudor). Además, y tan importante o más, me da miedo hacerlo en solitario.
Cuando tome todas aquellas decisiones y vine a Amsterdam lo hice acompañado con la persona con la que creí que compartiría una vida. Una compañera para esta aventura. La aventura. La única que tenemos. Pero sólo.. podría ser, debería ser, será.. pero me cuesta más.
También tengo que ser más eficiente. Perseverar y entregarme más en los proyectos que tengo entre manos. Aportar más, elevar el perfil, asumir responsabilidades, trabajar, pero en algo que amo.
Parecen sólo buenas intenciones, propósitos de enmienda. Sin emabargo, mi experiencia reciente me enseña que cuándo te tomas la molestia de reflexionar sobre lo que quieres y la concretas en una lista de objetivos, aunque no quizá en el corto plazo, los vas cumpliendo.
Ya escribí esto en un post hace mucho tiempo, pero aún conservo una lista de buenos propóstitos de 2004, en el que todo se había ido cumpliendo. Cosas que en aquellos momentos me parecían alcanzables. Algunas, por cierto, como vivir en Amsterdam (decía en el extranjero), que ahora me parece lo obvio y sencillo.
En fín.. vuelvo a utilizar este blog como psicoterapia pública. A veces me planteo como algunos amigos míos son tan reservados con sus ideas o sentimientos, y yo siempre escribo, mejor o peor, pero sin el menor pudor.

domingo, 8 de febrero de 2009

Quiero hacer Psicobloc

En los últimos días he descubierto un nuevo deporte, el Pscicobloc, que me tiene como loco. No veo el momento de que llegue el buen tiempo e ir a Mallorca a hacer esto....

http://www.youtube.com/watch?v=E3vc9X6NZg8

http://www.youtube.com/watch?v=DtugdNEX-04

http://www.youtube.com/watch?v=RclkxGIzPSk

Es curioso ser español, estar todo el día escalando (o pensando en escalar) y vivir en Amsterdam. Ayer estaba viendo entevistas de escaladores famosos como Chris Sharma o David Lama y todos hablan de Lérida, Huesca, etc.. como algunas de las "mecas" de la escalada mundial. Por años he vivido a una hora de distancia de algunas de las mejores escuelas de escalada del mundo y no tenía ni idea.

Pero, aunque eso me hace dudar, aún no ha llegado el momento. Escalaré en España cuando me "jubile" de esta carrera hacia no sé muy bien dónde. De momento, y para matar el gusanillo, en marzo voy una semana al chorro (málaga), y este verano una visita a Mallorca no se me va a escapar.

martes, 27 de enero de 2009

Aventuras Marroquies

Nota: Si estaís pensando hacer un viaje a Marruecos, os recomiendo que visitéis la guía de Marruecos que hemos escrito recientemente para BuscoUnViaje.com.

También podéis consultar la guía del desierto de Marruecos en el que se desarolla la acción de este segundo viaje a Marruecos.


Marruecos nunca defrauda.

En poco más de una semana da tiempo a cruzar el Atlas nevado detras de una maquina ¨quita nieves¨, cruzando los dedos para que el coche no se te cruce de atrás, tener una discusión callejera con unos supuestos guardas de un parking inexistente que te han deshinchado una rueda para que no te vayas sin pagar, tomar el sol en una piscina relajadamente, fotografiar camellos ¨pastando¨ en el desierto, escalar en una garganta (la del Todra) que ofrece paisajes similares a los del cañón del colorado y escuchar el canto del muecín mientras te tomas un té en la Plaza Jma al Fna.

Empezando por Essaouira, durante dos días comimos cenamos y estupendamente, paseamos por la Medina y los puestos del Bazar y miramos relajadamente las olas estrellándose en los rompientes desde los muros del fuerte portugués que rodea la antigua ciudad. Lo recordaba un poco más barato pero en todo caso, me volvió a parecer un sitio al que me gustaría volver, por tercera vez, y dedicar tres o cuatro meses a cometear sin parar. Me encanta el olor a océano que recorre todas las callejas de la ciudad arrastrado por el viento.

La etapa entre Essaouira y Ourzazate, cruzando el Atlas, nos permitió disfrutar de un día de cielos azules inmaculados, carretera de curvas y paisajes maravillosos en la que el primer tramo estuvo dominado por los intensamente verdes bosques y la blanquísima nieve reflejando el sol. Una vez superado al puerto, el descenso hacia al desierto nos ofreció un sinfín de matices entre el rojo intenso arcilloso de las montañas, naranjas, y negros de los ergs que preceden la llegada a Ourzazate. Cenar con cerveza y untar pan en un tajin de pollo con ciruelas en Chez Dimitri redondea un día agotador pero perfecto.

De camino a Todra recorrimos la ruta de las mil Kasbahs, pasando por la garganta del Dadés, que no nos prepararon para la espectacular Todra, recogimos a un chaval berebere que quería llegar a su pueblo, hicimos un millón de fotos y disfrutamos de una nueva jornada de sol y calorcito, que falta hacía.

Una vez ya en Todra, encontramos, al final de una pista de piedras de unos 7 kilómetros que se adentra en la garganta, el magnífico Albergue Le festival, dónde nos alojamos en una cueva y disfrutamos del silencio de un lugar mágico en el que creímos que íbamos a ser los únicos huéspedes. Al final lo compartimos con unos franceses, pero no nos importó. Bajamos a Tinehir a comprar cervezas y con el anochecer disfrutamos de un cielo de un millón de estrellas, cantamos con los trabajadores beréberes que regentaban el lugar y cenamos sopa, ensalada y mussaka.

La jornada siguiente empezó con un trekking mañanero. El objetivo, ascender en línea recta desde el cauce del arroyo junto al que se encuentra el albergue, hasta el risco que se alza unos 800 metros más arriba. No hay caminos en ese terreno, o al menos yo no supe encontrarlos. El terreno es un pedregal, matorral bajo, nieve y algo de hielo. Las vistas, a cada revuelta espectaculares. Al final, en los últimos 50 metros un pequeño tramo de pared me obligan a dejar la tarea inacabada. Aunque es muy fácil, no conviene correr riesgos que puedan estropear las vacaciones. No he venido a escalar. Otra vez será. De regreso al albergue, sudado y feliz, despedidas y nuevamente en marcha para alcanzar merzouga.

El Camino es más bonito que el día anterior, más parecido al desierto que recordaba. Los pequeños pueblos que recorremos llenos de kasbahs y gente sonriente y amable. Eso sí, cuando llegamos a los dos que hacen de “puerta del desierto¨, la amabilidad deja paso al acoso. En Erfoud, compramos cervezas en un hotel, y empiezan a perseguirnos con ofertas de hoteles y tours en el desierto. En Rissani, dónde los guías falsos han quitado el cartel que indica como llegar a merzouga, el acoso ya es total e incluso un tanto agresivo. Llegamos a Merzouga tarde ya oscuro y nos cuesta un poco encontrar alojamiento, estamos a punto de quedarnos en el mismo sitio en el que estuve yo en mi primera visita, pero en el último momento encontramos uno muchísimo mejor por algo más de dinero. Cenamos con Vino.

El dia siguiente fue muy productivo. Empezando por una caminata de más de tres horas en las dunas, justo hasta llegar a una de las grandes dunas desde las que se ve el final del Erg Chebbi y la frontera con Argelia. De regreso, para relajar músculos, sesión de piscina y siesta. Por la tarde, visita al lago, que estaba rebosante de agua, ha debido llover mucho en la zona últimamente, visita al oasis, compra de regalos a unos niños del pueblo, y subida a una duna a ver la puesta de sol. Lamentablemente unas nubes justo en el horizonte la afearon y las fotos, esta vez, no fueron las mejores. La cena, con vino nuevamente.

La nueva jornada nos tocaba volver hacia Ourzazate. Sin embargo el recorrido lo planteamos por una carretera secundaria que bordeaba el desierto y que estaba mucho menos transitada que por la que llegamos. Los paisajes eran aún mejores y los pueblos, incluido el magnífico Knob, preciosos. Mediada la tarde, y cuando ya pensábamos que no podía había haber nada más bonito, entramos en el valle del Dráa, dónde tengo que volver y alojarme unos días en algún camping en medio del palmeral. Durante unos cincuenta kilómetros las carretera serpentea entre unas montañas anaranjadas, un inacabable palmeral, un río rojo que arrastra un caudal considerable y un sinfín de pueblitos medievales. De vuelta a Ourzazate, nueva cena en Chez Dimitri. Somos animales de costumbres.

Cerrando ya el círculo y de regreso a marrakech. El día amanece nublado y con aspecto de que en las montañas nos iba a caer lo que no esta escrito. Sin embargo, los marroquíes, siempre optimistas, o resignados según como se analice, nos aseguraban..., no, ningún problema amigo, la carretera esta abierta seguro. Al poco de empezar el puerto, nos encontramos una caravana de coches y las barreras cerradas. Empieza a nevar copiosamente. Todo el mundo sale de los coches y empieza a hacer análisis sesudos sobre la situación. Desplegamos los mapas buscando alternativas, preguntamos a todo el que nos cruzamos que opinión tiene el sobre si pasamos hoy la noche en el puerto o no. La policía dice que sí, que en una hora abren, pero añaden con una sonrisa: ¨inshallah¨ (si dios quiere). Al final todo sale bien y cruzamos las montañas siguiendo las máquinas quitanieves.

La noche la pasamos en un Riad, previa compra de regalos en los bazares, cena en la plaza y paseo por los jardines de la Koutoubia.

Y nada más. A la mañana siguiente avión de regreso a Madrid y se acaba un pequeño viaje del que sin embargo hemos disfrutado como si hubiese sido uno de los largos.

Una vez más el post me ha salido largísimo, aunque me había propuesto todo lo contrario. Además, y a pesar de que me estoy leyendo la recopilación de artículos de reverte, ¨con ánimo de ofender¨, en la que no hace más que utilizar tacos de buen calibre sigo escribiendo como un cursi. Que le vamos a hacer. Tampoco se puede pedir mucho de algo que se escribe y publica sobre la marcha, así, sin corregir ni nada. Algún día me marcharé a un lugar muy lejano, retomaré todos los textos de este blog y, quizá, con tiempo y algo más de madurez, podré sacar algo potable.

jueves, 8 de enero de 2009

Rumbo a Marruecos

En menos de 24 horas estaré cogiendo un avión de KLM en Schipol (Amsterdam) con destino a Madrid y desde ahí, al día siguiente, otro de Iberia que me volverá a llevar a Marrakech, "la perla del sur".
Esta vez no va a ser un viaje largo, ni de mocila, pero al menos serán 8 días para recorrer algo del desierto marroquí y después, si da tiempo, bajar a la playa de Essauira a pasar un par de días antes de regresar al frio invierno europeo.
En Amsterdam llevamos aproximadamente diez días con los canales helados y hace un millon de años que no siento el sol calentarme la cara. Estoy deseando comerme un tajine de cordero y tumbarme en una de las grandes dunas de merzouga. Ir a correr a la playa en essaouira y darme un baño al terminar en el océano.
También quiero recorrer las gargantas del dadés y el todra que en mi última visita a Marruecos no pude ver. Eso sí, no pienso escalar en ellas. Todos los músculos de mi cuerpo piden a gritos una semana de descanso y no tocar una pared.
No se si tendré tiempo de escribir. No prometo nada. Es un viaje para disfrutar. Descansar física y mentalmente. Sólo quiero hacer lo que me apetezca en cada momento. Disfrutar de la compañía y de los incríbles escenarios que tiene el país.
Nos vemos a la vuelta, hasta pronto.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Releer las viejas entradas del blog

Es gracioso releer las viejas entradas del blog. Mis antiguas recomendaciones de música electrónica, los preparativos de la mudanza a Amsterdam, mis primeras andanzas con las cometas y escalada, los post sobre viajes y algunos esporádicas entradas sobre libros.
La verdad es que da tiempo a hacer muchas cosas (y a escribir sobre ello) cuando uno no trabaja. Me gustaría seguir escribiéndo diariamente, leyendo 40 libros al año, viajando más a menudo y cometear y escalar sin parar. Sin embargo, en perspectiva, y aunque no todo es perfecto, estoy satisfecho con lo hecho. A veces cuando pienso que en abril cumplo dos años de vida en Amsterdam me parece que el tiempo se me escurre entre los dedos.
En este tiempo, me he convertido en un escalador de nivel medio. Tengo una forma física notable, a pesar de los recientes problemas en mi rodilla que no me permite correr como antes. Vivo en una ciudad interesante y tengo muchos amigos. Profesionalmente, Tomtom me da de comer, pero además tengo en marcha un proyecto (buscounviaje) que podría conjugar en el futuro la necesidad de obtener ingresos y la pasión por los viajes.
Me faltan cosas, claro. A veces hace mucho frío en Amsterdam. Y tener a alguién con quién compartir problemas y alegrías probablemente ayudaría a definir mi situación vital de.. feliz.
Mis objetivos a corto plazo son.
  • Ir en navidades a Zaragoza y en enero a Marruecos (ya tengo los billetes comprados).
  • Consolidar el proyecto (buscounviaje).
  • Ser más organizado en cuanto a lo burocrático. Todos los posibles pequeños problemas con la justicia, bancos y compañías telefónicas derivados con la desorganización se me están acumulando.
  • Cambiarme de piso otra vez en Amsterdam (más que nada por mis compañeras que quieren estar más cerca del centro).
  • Terminar un proyecto 7a que se me esta resistiendo.
  • Volver a leer y escribir diariamente, en lugar de ver películas en el ordenador cada noche.

A medio plazo, estoy dándole vueltas a volver a mudarme. Esta vez al sur. Muy al sur. De momento, la idea es Cape Town. Pero no quiero irme sólo. Tengo que llevarme algún amigo de aquí. Ya veremos si soy capaz de convencerles. Soy libre, nada me ata realmente a Amsterdam, y puedo permitirme hacerlo. Sólo me hace falta un poco de coraje. Espero encontrarlo.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Essaouira, un fuerte portugués protegiendo una medina y una playa infinita para prácticar Kite mountainboarding.

Nota: Si estaís pensando hacer un viaje a Marruecos, os recomiendo que visitéis la guía de Marruecos que hemos escrito recientemente para BuscoUnViaje.com.

Además también podéis consultar las guías de Fez, Marrakech, o Casablanca.


La luz es siempre límpida y clara en Essaouira. No son los siete de la mañana cuando resbala por el zócalo de la ventana y empieza a acariciarte suavemente. Levantarse así es sencillo. Simplemente te incorporas, te calzas las sandalias y vas hasta la cocina para tomar un zumo de naranja. Nada te preocupa, tienes tiempo y sabes que te espera un día en el que te vas a dedicar a hacer algo que realmente amas.

Te asomas a la ventana y tienes que cerrar los ojos. Otro día más, piensas, de magnífico cielo azul, sol y, estas casi seguro, viento del norte de unos veinte nudos.

Sales al pequeño balcón del apartamento que has alquilado, por muy poco dinero, y compruebas que efectivamente las banderas del paseo ya están moviéndose alegres, bailando e intentando alejarse del mástil que las retiene. Sólo son las 7.30 y ya están así, piensas, eso es que va a ser un buen día para volar las cometas. Probablemente la “cult”de 3.5, aunque igual me atrevo con algo más grande.

Vuelves a la cocina y terminas el desayuno, va a serla única comida no marroquí del día. Huevos, tostadas y fruta. Cuando terminas te pones el bañador y las zapatillas y sales a correr a la playa. En un extremo de la bahía está la medina, con sus blancas casas y su muralla portuguesa.

Le das la espalda pensando que cada día que pasas aquí te parece aún más bonita. Enfrente de ti, la playa, de arena blanquísima, fina, dura y plana. Perfecta para correr. Nunca la has terminado porque tiene más de 20 kilómetros y luego hay que volver. El único problema de correr aquí es que a la ida tienes el viento a favor y a la vuelta maldices tu optimismo habitual cuando tienes que regresar, apretando los dientes, luchando contra un muro invisible que frena tu ritmo constantemente.

Regreso a “casa” sudando pero feliz. Voy directamente a la ducha. Si hiciera un poco más de calor me bañaría pero estamos en diciembre, y aunque hace muy buen tiempo comparado con España, el atlántico esta frío. Leo tranquilamente durante una hora. Como no, un libro de Paul Bowles, el escritor que me hizo enamorarme de Marruecos incluso antes de haber venido.

Cunado calculo que deben ser las doce y pienso que el viento habrá alcanzado su máximo nivel, preparo la mochila con las cometas y el mountainboard. Sí, ya sé que ahora mismo todo el mundo esta loco por el kitesurfing. Pero, ¿quién ha dicho que tengamos que ser todos iguales o que nos tengan que gustar las mismas cosas?

Llego a la playa en dos minutos. Esta casi desierta. Se ve a lo lejos algún turista paseando y detrás de ellos los chavales del pueblo que intentan venderles paseos a caballo. A mí ya me dejan en paz. Ya me conocen y saben que el caballo que necesito es el mismo que sostiene a las gaviotas lánguidamente sobre el puerto.

Dejo la mochila y el mountainboard en el suelo, saco el anemómetro y hago mi ritual particular. Calculo la velocidad del viento. Estamos en 20 nudos con rachas de hasta 25. Me agacho en sucesivas ocasiones, cojo montoncitos de calidad arena y la dejo escurrir entre mis dedos para comprobar la dirección. El día parece perfecto porque además el viento ha rulado y ahora viene del interior, lo que significa que voy a poder navegar un lado a otro de la playa y mirando al mar que es lo que más me gusta. También observo el cielo en busca de nubes sospechosas. Adquirí la costumbre cuando vivía en Holanda (siempre hay nubes en Holanda). Aquí no hace falta, pero es un buen hábito.

Saco la cometa. Mi preferida. Es granate y azul, con una franja blanca separando ambos colores. Me la regalaron tras mi accidente y nunca me ha dado el más mínimo susto. De todas las que tengo, es la de comportamiento más noble. Me alejo unos 25 metros en ángulo casi recto con la dirección del viento con la cometa en una mano y las vías en el bolsillo de atrás. Arrodillado, desdoblo la cometa primero de un lado, siempre el derecho, poniendo montones de arena en el labio inferior de la cometa para que quede varada. Vuelvo a sorprenderme de lo que me gusta la sensación de meter las manos en la arena y dejarla escurrir lentamente. Repito la operación con el lado contrario.

A continuación fijo, con un sencillo nudo de alondra, los extremos de las líneas principales y frenos a la cometa. Vuelvo sobre mis pasos desenredándolas completamente hasta llegar dónde había dejado la mochila. Coloco los mandos. Antes de ponerme los “leash” de seguridad oteo una vez más el horizonte, recojo todo en la mochila y me la pongo en la espalda.

Todo está en su sitio. Ahora sí. Me coloco alrededor de las muñecas los leash, levanto suavemente los mandos incorporándome al mismo tiempo y con un sutil movimiento, adelantando las muñecas y dando un ligero paso atrás, la cometa se libera de al arena y se infla inmediatamente. El sonido es preciso. Es cómo si respirase. Rápidamente se lanza hacia arriba. Como un cohete se coloca en el cenit y, simplemente insinuando un poco de resistencia con la mano derecha, la cometa se clava justo encima de mí.

Siempre hace lo mismo y yo aprovecho el momento para respirar y relajarme antes de empezar. Aunque pueda parecer tonto los siguientes minutos me dedico a comprobar que todo este en orden. Hago una serie de figuras en el lado derecho, las repito en el lado izquierdo. Siempre evitando la ventana de potencial principio. La cometa tira. Claro que lo hace. Es una cometa de tracción. Pero esta tan bien diseñada y se maneja tan fácilmente que es sencillísimo mantenerla en las zonas seguras (los laterales y el cenit).

Hago un par de trucos más cruzando esta vez la ventana de potencia. Hago un par de saltos, llevando la cometa rápidamente de un lado a otro, corriendo en dirección contraria y tirando fuerte del mando de ese mismo lado cuando la cometa te ha sobrepasado. Lo he hecho un millón de veces, pero la sensación de cuando los pies despegan del suelo, siempre me hace feliz. Es como tener una regresión a la infancia. Lo repites una y otra vez y no pierdes la capacidad de emocionarte.

Llevo la cometa al cenit una vez más y me preparo para montar en el mountainboard. Esta a una par de metros de mí. Me acerco, mirando al suelo, mientras sigo manteniendo con pequeños movimientos de dedos la cometa sobre mí. Meto uno de los pies en el estribo del mountain. Con unos cuantos movimientos de tobillo lo hundo hasta que queda completamente enganchado. Por un momento vuelvo a mirar la cometa y la estabilizo. Monto el segundo pie en su estribo. Respiro y empiezo a bajar un poco la cometa para coger la velocidad. Los momentos más difíciles son los primero, hasta que coges la inercia y puedes colgar un poco tu cuerpo para contrarrestar la fuerza del viento.

No tienes que hacer fuerza sólo dejar bien estirados los brazos y dejar que tu peso haga el trabajo. Los primeros metros voy despacio, llevando la cometa muy alta, pero en seguida la bajo un poco más y empiezo a hacer ochos con ella. No hace falta hacerlos muy largos porque hay viento de sobra y a los pocos segundos la velocidad es considerable.

La siguiente media hora me dedico a dejarme lleva por el viento. No intento trucos ni ceñir contra el viento. Mi único interés es disfrutar, sentir el viento, el sol en mi cara y sentirme libre. Recorro unos diez kilómetros en los cuales me he cruzado con no más de tres o cuatro paseantes. Todos me miran con cara de envidia. Probablemente porque ven mi cara de felicidad.

Inicio el camino de regreso, en el camino, practico trucos de derrape e intento pequeños saltos. Todavía no lo domino y desde luego ni me atrevo a pensar en hacer mortales adelante o hacia atrás como he visto hacer en los videos de youtube. Además desde que me rompí la clavícula he decidido disfrutar sin arriesgar demasiado. La cult se comporta maravillosamente, como siempre. Esta vez paso de largo mi apartamento en el extremo del paseo y decido llegar hasta el mismo pueblo. En las inmediaciones hay algún kitesurfista que esta preparándose para entrar al agua. Nos saludamos con la mano. Desde el paseo unos niños del pueblo hacen gestos a sus madres señalando el mountainboard. Estoy seguro de que están intentando convencerlas de comprarles uno.

Durante una hora más me dedico a ceñir, derivar, y aprender a navegar a favor y cortaviento. Hoy el viento es muy favorable, pero es necesario aprender a ir en todas direcciones para cunado el viento es perpendicular a la playa y tienes que ir siempre ciñendo y remontando.

Sudando y agotado, decido parar y bajar la cometa al suelo. Además una punzada en mi estómago me recuerda que son más de las tres de la tarde y que no he comido nada desde el desayuno. Recojo la cometa rápidamente y me marcho al puerto. Como en un puesto de pescados fritos por unos tres euros. Los barcos salen diariamente y, por tanto, los pescados son realmente frescos. Cuando termino voy a la plaza y me tomo un té. El camarero aburrido ante la falta de turistas se sienta conmigo y charlamos. Me ha visto en la playa y me pregunta por la cometa. Le propongo que venga un día conmigo y que yo le puedo enseñar. Sin embargo él no parece tenerlo muy claro y mira de reojo al mountainboard como si fuera un artefacto prodigioso y peligroso a partes iguales.

Cuando termino, voy al mercado de la medina. Compro verduras, especias y pollo. Esta noche me quiero cocina un Tajin. Vuelvo a casa paseando tranquilamente. Por un momento tengo la tentación de volver a la playa para sacar la cometa grande ahora que ha bajado un poco el viento. Descarto la idea enseguida. Estoy un poco cansado y tengo que escribir un rato antes de ponerme a preparar la cena.

Ya en el apartamento, me descalzo y pongo ropa cómoda. Me preparo un café y me siento en el ordenador frente a la ventana. Antes de empezar, voy a la cocina y empiezo a preparar las verduras y la patatas a fuego muy lento. Toda la casa se inunda de olor a aceite de oliva y especias. Escribo durante unas tres horas y media, aunque mi mirada se ha desviado muchas veces a la playa y al pueblo que se divisa al fondo hasta que se ha hecho de noche.

Cuando termino llamo a mi novia que no ha podido venir. Le cuento mi día y me parece que no hubiera hecho nada especial. Sin embargo, ¡cómo me gustaría que fueran así todos mis días!.

Pongo un poco de música, y ceno tranquilamente con una copa de vino. El Tajin ha tardado más de tres horas en hacerse, pero ha valido la pena. Leo un rato y enseguida me voy a la cama. Son las once de la noche y, para Marruecos es muy tarde. Mañana probablemente repetiré el horario, aunque también tengo que ir a cortarme el pelo y, si estoy muy caprichoso igual me animo a ir al hamann a que me den un masaje. Me quedo dormido en escasos minutos. No estoy cansado, pero sí absolutamente relajado.